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Periodismo Científico en Uruguay - Introducción
 
Introducción  

Presentación

Ya en los años setenta, el ensayista norteamericano Alvin Toffler nos alertaba sobre la velocidad de cambio de una cultura dominada por la ciencia y la tecnología. La idea era simple: hace sólo unos doscientos o trescientos años, nuestros antepasados nacían y aprendían a vivir en un mundo que, en grandes líneas, seguía siendo el mismo donde acabarían sus días. Pocos cambios eran perceptibles en la vida de un ser humano.

Pero a nosotros tal “comodidad” ya nos está vedada. El futuro se nos echa encima a marchas forzadas, y mucha de la responsabilidad de esta elevada tasa de cambio reside en las perspectivas de novedad que ofrece la moderna ciencia y tecnología. En los comienzos del tercer milenio, el ritmo de cambio se ha hecho tan acelerado, que hoy sabemos que el mundo en el que aprendemos a vivir y relacionarnos, no será el mismo donde viviremos la mayor parte de nuestras vidas (Barceló, 1998).

Estamos en la era científica[1] y, por tanto, el reflejo de la ciencia y la tecnología en los medios informativos es, o debería ser, la Gran Noticia”, sostiene Manuel Calvo Hernando (2001a), presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico y autor de más de una treintena de libros sobre el tema.

Así, en el resto del mundo, y cada vez más, el periodista científico es alguien de prestigio y de referencia en los medios de comunicación; sus secciones han sido trasladadas de las últimas a las primeras páginas e incluso a suplementos especiales (Haro, 2001).

Sin embargo, en Uruguay esta actividad se reduce a un pequeño grupo de periodistas, quienes en su mayoría no cubren temas científicos como principal actividad profesional, sino respondiendo a una inclinación personal. Tanto así, que no hay muchos que se atrevan a afirmar que en el país exista algo digno de ser llamado “periodismo científico”.

Surge entonces la pregunta que trataré de responder en el transcurso de las páginas que componen esta investigación, y que considero sin duda alguna el aspecto más fascinante que presenta esta actividad:

¿Cuáles son las razones del escaso desarrollo del periodismo científico en Uruguay?

 Lo fascinante que veo en este tema es el hecho de que no parece haber una respuesta simple que explique la pregunta antes planteada. Es decir, no creo que haya un solo factor que determine la existencia de un periodismo científico pobre en el país, sino que se trata de una cuestión multifactorial.

Por ello, para abordar el estudio del periodismo científico, parto de la premisa de que todos los actores -científicos, periodistas, medios de comunicación, la sociedad en su conjunto- están involucrados de alguna manera.

El objetivo de este trabajo será realizar una primera aproximación a los factores que inciden en contra del desarrollo de esta especialidad, y tratar de establecer los grados de responsabilidad de cada uno de ellos.

Se trata éste de un estudio sobre periodismo que, más allá de reconocer la existencia de otros actores, entiende igualmente que corresponde a esta profesión el deber (no el poder, puesto que esa cuestión se estudiará en el trabajo) de cambiar la situación actual, o al menos intentarlo.

Es decir, se entiende que es la tarea primordial del periodismo facilitar a la sociedad la información que necesita para poder opinar, en este caso, sobre los avances de la ciencia, y compartir con los políticos y los científicos la capacidad de tomar decisiones en las graves cuestiones que el desarrollo científico y tecnológico nos plantea.

La gente se enfrenta continuamente a elecciones que requieren cierto conocimiento científico, tanto sea para autorizar la construcción de una planta nuclear o un depósito de desechos tóxicos, como para admitir a un niño con SIDA en una escuela. Elecciones similares deben hacerse en lo personal: tomar la píldora anticonceptiva, comer cereales de fibra, evitar la carne ahumada.

El periodismo tiene que proveer la información y el conocimiento necesarios para que la gente pueda ser crítica a la hora de tomar decisiones que afectan sus vidas. Para la mayor parte del público, la realidad en materia científica es lo que lee, ve y escucha en los medios (Nelkin, 1990). 

Otro argumento que fundamenta mi idea de que es un deber del periodismo cambiar la situación actual, es el hecho de que, como es sabido, en la comunicación de masas, cuando un asunto supera la criba inicial del llamado interés periodístico, tiene muchas posibilidades de continuar y expandirse, porque se produce un efecto de retroalimentación continua: informar aumenta el interés, y el interés justifica que se continúe informando (Pérez Oliva, 1998).

En los capítulos que siguen procuraré explicar cuáles son las razones que impiden el desarrollo del periodismo científico en nuestro país. Dado que las pocas contribuciones que se hacen a la literatura de la comunicación en castellano sobre el periodismo científico provienen en su mayoría de las ponencias presentadas en congresos, constituye un profundo deseo del autor que este trabajo signifique buen aporte para todos aquellos que quieran tener un panorama general sobre los porqués del escaso desarrollo del periodismo científico en el país.

 

Algunas aclaraciones y precisiones

Este proyecto está dedicado al estudio del periodismo científico y, por tanto, también al de la ciencia y la tecnología. En ocasiones, algunos de los entrevistados citados (y el propio autor, para facilitar la lectura) simplifican ambos términos hablando sólo de “ciencia” y de “periodismo científico”.

No obstante, es necesario recordar que ciencia y técnica, por muy relacionadas que estén, son cosas diferentes. Hay autores muy rigurosos que, para no dejar afuera el concepto de “tecnología”, llegan a hablar de “tecnociencia” (Barceló, 1998) e incluso de “periodismo científico - tecnológico” (Centurión, 1999).

Se entiende aquí a la ciencia como el conjunto de conocimientos relativos a las ciencias exactas, fisicoquímicas y naturales[2]. No se incluyen las denominadas ciencias sociales o humanas, como la sicología, antropología, sociología, historia, filosofía, etc., que se ocupan de aspectos del hombre no estudiados en las ciencias naturales.

Por otra parte, se considera a la tecnología como al conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico. Es decir, que la diferencia fundamental entre ciencia y tecnología es el producto de la actividad: la ciencia produce conocimiento; la tecnología produce bienes materiales (Linn, 2000). Por tanto, se tendrá cuidado en ello cuando sea necesario hablar específicamente de estas diferencias.

Por último, se aclara que, aunque en ocasiones se las mencionará, este proyecto no comprende el estudio de dos grandes áreas: la informática y las ciencias agrarias, por considerarse necesaria una investigación aparte de los temas, dadas las peculiaridades que presentan.

 

Importancia de un periodismo sobre ciencia  

En la época actual es difícil encontrar algún aspecto de nuestra vida cotidiana que no se vea influenciado por tecnologías enraizadas en la ciencia desarrollada durante los últimos cien años. Y esa influencia abarca desde detalles minúsculos de nuestra vida privada hasta fenómenos de escala global.

"En una sociedad democrática, los ciudadanos tienen derecho a poseer conocimientos básicos de ciencia para poder tomar decisiones sin depender de la opinión de los expertos", sostiene el físico Stephen Hawking (en Alcalde, 2001). Estas decisiones a veces pueden llegar a ser del calibre de comer carne vacuna o no, utilizar el teléfono celular a menudo o dejar de votar a un gobierno que oculta información sobre determinada epidemia. Es decir, que el hombre de hoy necesita de la cultura científica para comprender el mundo en que vive, pero también para sobrevivir en él (Calvo Hernando, 1997).

Esta idea, que constituye uno de los fundamentos del periodismo científico, está contemplada en el artículo 27 de la Declaración de los Derechos del Hombre, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. El párrafo 1) de dicho artículo 27, dice así: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten” (Calvo Hernando, 1997).

Informar a la sociedad sobre ciencia es importante especialmente para que “el hombre de la calle esté en condiciones de participar en la toma de decisiones de carácter público, en problemas relacionados con los progresos científicos y tecnológicos, justamente para que sean solamente avances y no también se conviertan en retrocesos de la humanidad. En otras áreas del periodismo no nos jugamos tanto, salvo quizá en la economía y en la política. Además, la comunicación pública de la ciencia deberá evitar que, como ha ocurrido tantas veces en la historia humana, un progreso sea disfrutado sólo por los acomodados en la riqueza y la cultura. Y esto solamente se consigue con una información para todos”, explica Calvo Hernando[3].

Aunque siempre ha sido así, hoy en día resulta más evidente que nunca la idea de que la información es poder. Habría que preguntarse, entonces, qué tanto poder tiene un ciudadano que se entera por todos los medios que su gobierno ha aprobado el cultivo de plantas transgénicas, cuando ni siquiera entiende lo que es un gen.

Y dado que para el 90 por ciento de la sociedad, su acercamiento al conocimiento científico, se hace exclusivamente a través de las informaciones aparecidas en los medios de comunicación, resulta evidente que la responsabilidad de los periodistas es, sin lugar a dudas, enorme (entrevista a Calvo Hernando en revista Mundo Científico, 1996).

 

NOTAS AL PIE 

[1] Algunos autores, como C.P.Snow (2000), también hablan de “Revolución Científica”, y fijan el comienzo de la misma en los años 20 o 30, cuando se dio por primera vez un uso industrial a las partículas atómicas.

[2] Las definiciones fueron tomadas de la edición electrónica del Diccionario de la Real Academia Española, disponible en Internet: http:\\www.rae.es

[3] Declaraciones efectuadas en una entrevista realizada por el autor a propósito de la elaboración de este proyecto. Para facilitar la lectura, en adelante el lector deberá entender que los testimonios a los cuales no se les especifica el origen, fueron realizados en las mismas condiciones. Al final del trabajo se incluye un listado de todas las personas entrevistadas.

 

rEFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Real Académia Española. Diccionario 2001, en su edición digital, diponible en Internet: <http://www.rae.es>

 

SNOW, C.P. 2000. Las dos culturas. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión SAIC