Agruparse
para ser más fuerte
El
origen de las asociaciones sindicales
Durante
la Revolución Industrial, la disparidad de fuerzas existente
en el ámbito de las relaciones laborales operó
como elemento disparador para el nacimiento de las asociaciones
sindicales, que pretendieron equiparar dichas fuerzas en la
negociación.
A continuación les presentamos una breve historia de
cómo surgieron y se desarrollaron los sindicatos, que
sin duda ayudará a comprender a cualquier trabajador
la importancia de estar agrupado para ser más fuerte.
Por Sebastián Haro
Revista Decisión - Mayo 2005
La explotación de los obreros, originada por los métodos
empleados al inicio de la industrialización, aunada al
afán de lucro excesivo de los patrones, fueron las raíces
del movimiento asociacionista de los trabajadores, que buscaron
homologar fuerzas respecto de los patrones por medio de la aglutinación
de individualidades laborales, para reclamar condiciones salariales
más justas, jornadas de trabajo más cortas, y
en general, llegar a establecer un estado social más
equitativo para la clase trabajadora.
Como
lo explica Boris Burgos en su ensayo “Sindicatos”,
publicado por Gestiópolis.com, a medida que avanzaba
la Revolución Industrial, los trabajadores buscaron una
manera de organizarse para defender su oficio. Los sindicatos
a menudo también tenían la función de ayudar
a sus afiliados cuando pasaban momentos de penuria o en caso
de accidente. La mayoría de los gobiernos veían
una amenaza en la asociación incontrolada de los trabajadores,
sobre todo con el surgimiento del socialismo como ideología
y fuerza política.
La
transformación industrial, que operó primero en
los países europeos, prohibió terminantemente
el derecho de asociación de los trabajadores, pues el
régimen individualista no veía justificación
para que los trabajadores se asociaran en defensa de sus intereses
laborales, e incluso se tipificó como un delito en los
códigos penales. Esta etapa de prohibición se
desarrolló entre los años 1776 y 1810.
TOLERANCIA
Con
el tiempo, los esfuerzos del Estado por prohibir el derecho
de asociación, fueron infructuosos, porque los sindicatos
seguían existiendo. Por ello, en los diversos países
se inició una etapa de tolerancia, en la cual, sin otorgar
reconocimiento alguno al derecho sindical, se admitía
el hecho de su existencia, pero sin establecer nada al respecto
en las leyes dictadas por el Estado.
A
la época de la tolerancia siguió una de reconocimiento
absoluto del derecho sindical. Esto sucedió a finales
del siglo XIX, ante las acciones de los sindicatos que lograron
que el Estado variara su criterio al respecto y dictara leyes
que reconocían a los trabajadores, de manera abierta,
el derecho a integrarse en sindicatos.
Inglaterra
fue el país que dio el primer paso en este aspecto, con
el reconocimiento del derecho de coalición en 1824, que
otorgaba la legalidad a un intenso movimiento asociacionista
que existía en la clandestinidad.
En
1862 se celebró en Londres la Exposición Internacional,
que tuvo la participación de ingleses, franceses y alemanes.
En total, se reunieron más de 300 líderes obreros
en la llamada “Fiesta de la Fraternidad”. Allí
se pactó la solidaridad entre los sindicalistas de estas
naciones, para buscar una unificación formal que les
permitiera adquirir una gran fuerza.
Hacia
1867, la Internacional demostró su fuerza cuando los
sindicalistas ingleses sostuvieron económicamente las
huelgas de los trabajadores franceses. La visión de esta
primera Internacional se puede resumir en lo siguiente: “La
emancipación económica del trabajador debe ser
el objetivo de toda política. No es éste un problema
local ni nacional: se trata de un problema social”. La
primera Internacional desapareció en 1870 por conflictos
armados en Europa.
En
1889 surgió la Segunda Internacional. Uno de los aspectos
determinantes de su acción fue que desde un principio
pidieron asesoría política a partidos socialistas,
y esta asesoría fue tan importante que dominó
más la fase política del socialismo que los intereses
gremiales de los afiliados.
Esta
organización llegó a tener hasta 12 millones de
afiliados en todo el mundo. No obstante, el estallido de la
Primera Guerra Mundial sometió a dura prueba a la organización
obrera, porque a pesar de sus sentimientos unionistas se dividieron
con sentimiento nacionalista y se dispusieron a apoyar a sus
respectivos países en la contienda; lo que provocó
la desintegración de la Segunda Internacional.
Concluida
la guerra, al instaurarse la paz, se puso en marcha un notable
intento de los sindicalistas para integrar de nuevo la Internacional
y se logró hasta 1919 en Moscú, en donde la organización
tuvo un corte comunista. Se consiguió la afiliación
de sindicalistas de 23 países. Su característica
principal fue que era de tendencia abiertamente revolucionaria,
y su acción primaria consistía en fomentar el
descontento popular y la violencia con el propósito de
transformar, según la teoría en una lucha de clases,
al conflicto armado que había terminado.
En
la actualidad, los sindicatos de todo el mundo persiguen objetivos
específicos, dependiendo del área de actividad
de los trabajadores que nuclean. Sin embargo, como lo señala
Evelin López, en su trabajo “Origen y Doctrina
de los Sindicatos”, hay algunos objetivos básicos
que están presentes en toda organización sindical,
en la lucha por dignificar las condiciones de vida de los trabajadores.
Estos son: 1) un salario justo, 2) mejores condiciones de trabajo,
3) empleo estable para toda persona, 4) mejoramiento de las
reivindicaciones sociales y económicas, 5) la permanente
democratización de la sociedad. |