Desde
que se divulgó mundialmente el concepto de inteligencia emocional,
descubriéndonos la importancia y el alcance, a todos los niveles,
de las emociones en el comportamiento humano, ya nada fue igual
en el mundo de los negocios. Elementos racionales y emocionales
intervienen en la decisión de compra, condicionando la fidelidad
de los clientes hacia uno u otro establecimiento.
Por
Sebastián Haro
Revista Decisión - Mayo 2004
La
idea es muy sencilla: si usted desea la fidelidad de sus clientes,
compórtese como una persona, no como una empresa. Hoy más que
nunca, se sabe que la fidelización, ya sea como actitud o como
resultado, al igual que cualquier otro comportamiento humano,
está impulsado y formado, en general, conjuntamente por elementos
racionales y emocionales cuyo conocimiento resulta clave para
retener y captar clientes.
Medítelo
por un segundo: ¿compra usted en ese comercio que ofrece mercaderías
a precios un poco más bajos, pero de cuyos empleados jamás recibió
un consejo, una ayuda... ni siquiera una mínima sonrisa al atenderlo,
o prefiere aquel otro, donde los mismos productos cuestan un
poco más, pero recibe de los vendedores una gran comprensión
de sus necesidades e inquietudes, además de asesoramiento y
calidez en la atención?
Claro,
es que la atención al cliente, como elemento diferenciador,
es un factor fundamental. No cabe duda que un trato cuidado
por parte de la empresa hacia el cliente en el que se derroche
simpatía y amabilidad, haya una entrega humana sincera y servicial,
y se preparen gratas sorpresas, va a influir mucho en su comportamiento;
pero es cierto que tampoco deja de ser relevante para este propósito
que los productos y servicios sean de calidad, los precios competitivos
y la oferta variada y completa, entre otros.
¿Qué
es la fidelización?
De
acuerdo con la empresa consultora española Fideliting Solutions,
fidelizar es “la acción dirigida a conseguir que los clientes
mantengan relaciones comerciales estrechas y prolongadas con
la empresa a lo largo del tiempo; una repetición de transacciones
que ha de alcanzarse creando en el cliente un sentimiento positivo
hacia la empresa que sea el que motive ese impulso de adhesión
continuada.
Fidelizar, según una interpretación semántica estricta, es la
acción dirigida a conseguir que los clientes establezcan sus
relaciones comerciales con la empresa mediante la asunción de
compromisos definidos. Es decir, hay fidelización si se crea
la base para que pueda haber fidelidad, y ésta, sólo puede existir
si el cliente se compromete a algo. De lo contrario, ni existe
posibilidad de fidelidad ni de fidelización.”
Son
muy numerosos los medios utilizados para conseguir la fidelización
de los clientes. Algunos de los más conocidos son: tarjetas
de fidelización, cupones de descuento, club de los clientes,
monedas virtuales, revista del consumidor, call center, defensor
del consumidor, puntos por compra, comunicaciones personalizadas,
regalos, venta cruzada, descuentos, contrato de fidelidad, etc.
En
los últimos años, los clientes han demostrado ser sumamente
exigentes a la hora de efectuar la compra o contratación de
productos y servicios. Ofrecer la mejor calidad, el precio más
bajo o el mayor surtido de productos, ya no garantiza que el
cliente elegirá siempre una determinada compañía o marca.
La fidelidad depende, en mayor medida, de los valores diferenciales
que el cliente perciba de parte de la empresa. Identificar
a cada cliente, conocer sus preferencias y sus hábitos de consumo,
y recompensarlo por las compras que ha realizado, son valores
diferenciales que refuerzan su relación con la compañía y evitan
la deserción.
El número cada vez mayor de shoppings, tiendas, centros de ocio,
agencias de viajes, etc. en los que podemos comprar, ha provocado
la proliferación de las llamadas "tarjetas de fidelización",
que buscan la no diversificación del cliente. La estrategia
empleada es muy gráfica: "Si usted consume mis servicios
o compra mis productos, le haré regalos". Con ello, las
empresas buscan nuevos clientes y mantienen a los que ya tienen.
Para beneficiarnos de las tarjetas de fidelización bastará con
que las presentemos en el momento de pagar nuestra compra, y
en función del dinero gastado, acumularemos una serie de puntos
en una cuenta asociada a la tarjeta que nos permitirá su canje
por premios variados: desde viajes a lugares exóticos a juguetes,
electrodomésticos, etc.
El éxito de las tarjetas
De acuerdo con el estudio llevado a cabo por la consultora europea
Client Research entre 282 marcas, 137 de ellas proponen una
tarjeta de fidelidad. Existen 70 millones de tarjetas en circulación
de las que la mitad corresponden al sector de la gran distribución
alimentaria. En el conjunto de sectores aparece una media del
16,6 por ciento de poseedores de tarjetas.
Algunas
conclusiones del estudio establecen que las tarjetas de fidelidad
son un instrumento especialmente útil para evitar la pérdida
de clientes, ya que las mismas refuerzan la duración de la relación
existente entre el comprador y el vendedor. Asimismo, se detectó
que, en cuanto al consumo medio, el que tiene tarjeta realiza
un gasto tres veces superior al que no la tiene.
Las dos características primordiales de estas tarjetas son:
por un lado, que no suponen ningún coste al consumidor, ya que
basta con solicitarlas en cualquier establecimiento asociado
a la misma y hay ocasiones en que la tarjeta puede ser empleada
por varias personas, lo que permite acumular puntos en la cuenta
del titular; y por otro lado, los premios conseguidos pueden
ser de cualquier tipo: estancias en hoteles y paradores, entradas
a cines y teatros, ropa, juguetes, etc. En algunas ocasiones,
los regalos pueden obtenerse al instante (canjeando los puntos
por regalos), pero en otras ocasiones se requiere un desembolso
complementario.
En
España, por ejemplo, el uso de las tarjetas de fidelización
viene creciendo de forma espectacular. Se han ido consolidando
cada vez más como parte importante de la estrategia de la empresa
dentro del área del marketing, principalmente por la profunda
y rentable información que se extrae de los clientes. La penetración
de los programas de fidelización en España ya es superior a
un 50%, y se han extendido a todas las edades, sexos y estatus
económicos. |