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Hoy,
más que nunca, el cambio es el negocio
Cuando el producto se vende solo |
Los trucos con base psicológica que propone
el merchandising, aplicados ya con éxito por algunos ferreteros
nacionales, prometen volver atractivo cada rincón de su
negocio y hacer que todos los artículos sean capaces de
venderse por sí mismos.
Por Sebastián Haro
Revista Decisión - Noviembre 2003
En el Uruguay de hoy no es nada extraño toparse con un ferretero
que expresa su convicción acerca de que las decoraciones navideñas
son "tonterías", y que llevarlas a cabo en sus negocios no es
más que una pérdida de tiempo. Tampoco faltan aquellos que piensan
que, en la escala de las ferreterías locales, las teorías sobre
"cómo vender más y mejor" resultan impracticables, y conceptos
tan útiles como el de "marketing" y "publicidad", les son ajenos
casi por completo.
Mientras tanto, en países como Inglaterra, la temporada comercial
navideña comenzó ya a mediados de octubre. Las empresas, grandes
y pequeñas, invierten considerables sumas de dinero en la decoración
de sus establecimientos, aparecen nuevas y llamativas promociones,
y en algunos casos los empleados trabajan durante toda una noche
para que, al día siguiente, el público se encuentre con un local
completamente renovado que lo invitará de mil formas a adquirir
todos esos tentadores productos.
Adornos, colores, alegre música de fondo, luces intermitentes
por todos lados y vendedores sonrientes con graciosas indumentarias...
¿Cree usted que nada más se trata de una pomposa manifestación
del espíritu navideño? Pues se equivoca: es el merchandising,
bajo algunas de sus múltiples formas, vendiendo montones de mercaderías
que muchos consumidores ni siquiera sabían que necesitaban hasta
que pasaron por ese centro comercial. Este término anglosajón
-proveniente del sustantivo "merchandise", que significa "mercancía"-
engloba una serie de técnicas que tratan de disponer cada elemento
del mercado de un modo concreto y de ubicar los productos de tal
manera que al cliente, sin darse cuenta, le llamarán la atención.
UN EJEMPLO EXITOSO
El merchandising, primo del marketing, que nació conforme fueron
surgiendo los primeros comercios de autoservicio, ha venido siendo
aplicado con éxito por algunos establecimientos uruguayos, como
es el caso de Ferretería Soriano, que hace tres años emprendió
la reorganización de su local y la ubicación estratégica de los
productos al alcance del público, a modo de autoservicio, estudiando
cuidadosamente los lugares que llamarían más la atención y beneficiarían
su venta.
"La realidad es que hay muchas ferreterías que se manejan con
la estructura tradicional: toda la mercadería, o gran parte de
ella, está detrás del mostrador. Nuestra disposición, en cambio,
sólo deja del lado del vendedor los artículos que no vienen a
granel, y que por tanto necesitan ayuda y asesoramiento. Todo
lo demás, lo que viene envasado, con una presentación amigable,
está accesible al cliente, y éste puede despacharse perfectamente
los productos que quiera porque son de utilización sencilla",
explica Pablo Illa, propietario de la empresa.
El mostrador de Ferretería Soriano fue instalado al fondo del
local y la caja en las proximidades de la puerta, con lo cual
el cliente se ve obligado a realizar un recorrido a través de
largas estanterías que exhiben una gran variedad de productos,
alguno de los cuales seguramente captará el interés del consumidor
y terminará por motivarlo a realizar lo que se denomina una "compra
impulsiva"; es decir, un acto de compra provocado por la situación
de oportunidad, por un ambiente favorable, que responde más a
un deseo que a una necesidad.
"Los artículos que tienen mucha rotación los usamos para que la
gente recorra el local. Si uno tiene algo que la gente viene a
buscar seguro, como la ficha de dos patas, no puede ponerla al
lado de la caja, en la puerta, porque el cliente viene, la compra
y se va, y al resto del local ni lo mira. Entonces por eso la
tenemos guardada en el fondo, para que así el interesado la tenga
que ir a pedir al mostrador", explica.
LOS TRUCOS
Y es en ese recorrido hacia el mostrador donde actúa el merchandising,
cuyo principio fundamental dice: "Todo lo que se ve se vende,
todo lo que se toma se compra". Así, según estas técnicas, la
colocación de los productos en las góndolas debe seguir unas reglas
de oro que todo comerciante debería conocer. Las estanterías se
dividen en tres niveles: el primero está al ras del suelo; el
segundo a la altura de las manos; y el tercero se localiza a nivel
de los ojos.
Es en estos dos últimos donde las ventas son superiores, al estar
ubicados en lugares de fácil visualización y poder tomar los productos
con mucha comodidad. Mientras que si el estante está al ras de
suelo, las ventas son menores al tener que agacharse para agarrar
el artículo. Según esta distribución, las mercaderías de venta
obligada estarán a nivel del suelo y el resto en los otros dos
niveles para provocar su compra. Y es que lo que el cliente puede
tocar, agarrar y comprar, se vende.
Las estadísticas demuestran que el cambio de un producto de un
nivel a otro puede incrementar las ventas hasta casi un 80%. De
igual manera, en el centro de las góndolas se colocan los productos
más rentables y los de menor atractivo al ser el lugar donde los
clientes centran su mirada.
"Las compras por impulso funcionan", sostiene Illa, plenamente
convencido. "Los resultados se han notado en las ventas; mucha
gente que antes iba directo al mostrador a comprar un artículo
específico, ahora se encuentra en el camino con otros productos
que le llaman la atención y termina comprándolos también", agrega.
Pero las especificaciones que brinda el merchandising no acaban
ahí, ni mucho menos. Este conjunto de técnicas ya ha determinado,
por ejemplo en el caso de los hipermercados, que los precios terminados
en 5, 7 y 9 atraen más al comprador; que la estancia media en
un hipermercado es de 55 minutos, tiempo que puede ser alargado
o reducido mediante la utilización de música (los ritmos rápidos
hacen circular a la gente con más celeridad, mientras que los
suaves incitan a la permanencia en el establecimiento); y que,
en general, todos los carritos se desvían ligeramente hacia la
izquierda, lo cual obliga a sujetarlos con la mano izquierda,
quedando así libre la derecha para alcanzar cómodamente los productos.
LA DECORACIÓN
Si bien es algo que está quedando cada vez más obsoleto, todavía
sigue siendo una realidad en muchos casos que se conciba una ferretería
como una especie de depósito desordenado y polvoriento de herramientas
y materiales, que vuelve esencial la ayuda del vendedor para encontrar
el producto buscado. Algunos establecimientos, aunque parezca
mentira, mantienen desde el día de su inauguración las mismas
vidrieras, decoración, cartelería, etc.
Y desde el punto de vista del merchandising, no hay cosa peor
que un local comercial donde nunca pasa nada. La solución a esta
posibilidad puede encontrarse en todo aquello que sea capaz de
romper la rutina y la monotonía; es decir, animar el local comercial
para llamar la atención de la clientela. Se pueden utilizar juegos,
realizar concursos y promociones, cambiar los productos de las
vidrieras o decorar el local de acuerdo a la época del año: Navidad,
Día del Padre, vacaciones, etc.
La adecuada ambientación del local facilita que los clientes se
encuentren a gusto y confortables, lo que se logra mediante iluminación,
temperatura, decoración, ambiente musical, etc. Es conocido por
todos que las vacas dan más leche si se encuentran en ambientes
con música. Y los comercios, como las vacas, también. Estos y
otros aspectos de ambientación deben pasar desapercibidos para
los clientes, ya el exceso causará sensaciones desagradables y
provocará el abandono del establecimiento o al menos un rechazo
a la empresa, los productos o el personal.
OTRAS OPINIONES
Hay otros comerciantes, como es el caso de Carlos Picabea, propietario
de la Ferretería Géminis, que si bien aseguran ser conscientes
de que "lo que no se expone no se vende", sostienen que la cuestión
no es tan simple. "Sé que para vender un producto tengo que mostrarlo,
pero no puedo exhibir toda la mercadería por una cuestión de espacio:
no tengo un local tan grande", dice.
Picabea sostiene que siempre se preocupa de exhibir las novedades
que le llegan, pero no cree que la exposición de los productos
en la ferretería sea un factor demasiado influyente en la decisión
de compra del consumidor. "Cuando los clientes vienen al local,
el 90% de ellos ya trae resuelto en su mente qué es lo que va
a adquirir, y eso nada lo va a cambiar", afirma. |
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