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Reparar la propia casa: Una forma de hacer frente a la crisis - Sebastián Haro
 

"Hágalo usted mismo"

Reparar la propia casa: 

Una forma cada vez más popular de hacer frente a la crisis


Por Sebastián Haro
Revista Decisión - Agosto 2003

"¿Qué tan difícil puede ser?", se han dicho muchísimos uruguayos en los últimos tiempos, animándose así a llevar a cabo ellos mismos la reparación de esos desperfectos hogareños que se presentan en el peor momento y amenazan con complicar aún más la difícil tarea de llegar a fin de mes. 


Así, el asesoramiento de los ferreteros a los clientes desconocedores se ha vuelto no sólo fundamental para una correcta y segura utilización de los productos, sino también una forma efectiva de competir con los "gigantes" del rubro, al lograr la confianza de la gente mediante la enseñanza de las técnicas de reparación del hogar, transmitiendo una imagen de honestidad y transparencia. 


No es algo nuevo el hecho de que muchas personas reparan ellas mismas sus casas. Pero hoy más que nunca, en tiempos donde el gasto de cada peso es minuciosamente pensado, las refacciones domésticas han dejado de ser ese hobby de fin de semana que solía ser para muchos, y se han convertido en una verdadera necesidad.

La posibilidad de llamar a un profesional, cuando no absolutamente descartada, permanece al menos como una última y desesperada acción al presentarse una rotura en el hogar. No es difícil para un ferretero, entonces, encontrarse con Doña María consultándole sobre cómo cambiar el cuerito de una canilla, o cómo arreglar ese enchufe que acaba de rompérsele, sin haberlo hecho jamás en su vida y sin tener la más mínima idea al respecto.

"Se nota que las personas tienen una gran necesidad de solucionar los desperfectos por sí mismas, y se están tirando al agua a hacer cualquier tipo de arreglos domésticos", asegura el constructor Homero Pérez Noble, conductor de un segmento televisivo sobre construcción y reparaciones en el programa matutino "Buen Día, Uruguay" de Canal 4 de Montevideo. 

Pero a pesar de que el cliente se ha decidido a componer por sí mismo las averías, al acudir a la ferretería él ignora cuán vasto puede llegar a ser el mundo de las herramientas y los materiales. "Deme un destornillador", se limitará a pedir. "¿De cuál quiere?", le preguntará el vendedor, ante lo cual el cliente seguramente responderá: "El más barato que tenga".

Lo que ocurre es que mucha gente sólo dispone de algunos conocimientos generales sobre los productos, y por ello cada vez más ferreteros han comenzado a darse cuenta de que resulta esencial brindar un buen asesoramiento al cliente, averiguar bien qué es lo que necesita, para qué lo necesita, qué problema tiene y cuál es la mejor manera de solucionarlo.

En ese sentido, Pérez Noble sostiene que "la gente no sabe nada de materiales ni de herramientas; no conoce cuál es la relación entre el tamaño de un destornillador y la cabeza de un tornillo. Hay un mundo gigante para que las ferreterías exploten: es el mundo del asesoramiento al cliente. Una vez que las personas aprendan a hacer sus propias reparaciones, entonces es seguro que sus visitas a las ferreterías van a ser más frecuentes". 

Sin embargo, muchas veces el cliente no pregunta porque no sabe, y el ferretero no explica porque el cliente no le preguntó, y entonces el cliente desconocedor se termina llevando una herramienta de tamaño medio que podría resultarle completamente inútil para el trabajo que se propone realizar. Se mantiene así una gran ignorancia sobre muchos temas que perjudica a todos.

Por otro lado, es un hecho que el asesoramiento al público constituye hoy en día una poderosa herramienta con que cuentan las pequeñas y medianas ferreterías para competir con los grandes hipermercados del rubro. 

Quien se tome la molestia de aconsejar la mejor forma de solucionar los problemas que plantea el cliente, verá retribuida su inversión de tiempo en la confianza que habrá generado en el consumidor. Será una forma de publicidad subliminal que permanecerá en la mente del público, asegurando su regreso ante la primera necesidad de realizar una nueva reparación en el hogar. 

MIEDO AL PROFESIONAL "BANDIDO"

En países como Francia y Canadá, el elevado costo de la mano de obra para realizar pequeñas reparaciones domésticas ha generado un auge de lo que se conoce como movimiento "Hazlo tú mismo". En cambio, en Uruguay, si bien hay quienes afirman que el costo de llamar a un profesional es relativamente menor, persiste más que nada un "miedo" a la posibilidad de toparse con un "bandido", según lo describe Pérez Noble; es decir, alguien que, aprovechándose de la ignorancia del cliente, pretenda cobrar mucho más de lo que realmente vale el trabajo.

"La gente se resiste a llamar a un técnico porque, aunque es verdad que el costo de la mano de obra ha bajado en los últimos tiempos, igual se le puede llegar a cobrar unos 400 pesos por un trabajo que no requiere más de 15 o 20 minutos, y eso a muchos les resulta inconcebible", dice Mario Morena, encargado de la ferretería Mil Cosas. 

Precisamente con el objetivo de que el público supiera cuándo un precio es razonable, Pérez Noble comenzó el año pasado a enseñar por televisión acerca de herramientas y materiales en el programa "Techos.uy" (que se emitía entonces por Canal 10), en un espacio que él mismo denominó "Secretos del Oficio", ya que -según cuenta- allí procuraba develar ciertos secretos referidos a la construcción y las reparaciones en general. La idea no era sólo que el público aprendiera a hacer las refacciones por su cuenta, sino que también fuera capaz de entender y controlar la labor de un profesional en caso de que se presentara la necesidad de llamarlo, evitando así posibles engaños.

"Mucha gente igual pasa 20 años con una gotera, porque no se anima a llamar a un técnico, por miedo a lo que le pueda cobrar. Es que este país está lleno de "fantasmas" que cobran cualquier plata por hacer los trabajos más simples. Es casi seguro que si una viejita de 80 años pregunta cuánto le sale cambiar el cuerito de la canilla, le van a contestar que no menos de 500 pesos. Resulta difícil encontrar profesionales serios", dice Pérez Noble, y agrega: "Así somos los uruguayos, y no puede ser. Eso tiene que cambiar". 

BÚSQUEDA DEL MÁXIMO AHORRO

Una vez que alguien se ha decido a realizar por su cuenta las reparaciones del hogar, no es extraño que al concurrir a la ferretería procure adquirir los materiales más económicos. A raíz de la crisis, ya no existe más el cliente que solía comprar por hobby, porque le gustaba tener las mejores herramientas para hacer las reparaciones de su casa los fines de semana. Ahora la gente cuida al máximo su dinero y compra sólo lo esencial.

Esa tendencia, que se da en todos los rubros del mercado, implica una complicación extra para quien da sus primeros pasos en la refacción de su hogar. Su propia inexperiencia ya es una condicionante para la calidad que tendrá el trabajo una vez terminado, pero la misma también será afectada negativamente si además se utilizan materiales baratos y de mala calidad.

"Siempre digo a la gente que, desde el momento en que toman ellos mismos la iniciativa de hacer sus propias reparaciones, ya se están ahorrando la mano de obra, y por tanto recomiendo que no se arriesguen a utilizar productos de mediana calidad, sino que usen las mejores herramientas y materiales que puedan. Es así de simple: la calidad de tu trabajo, que es muy pobre porque no tenés experiencia, la mejorás con la calidad de los productos", aconseja Pérez Noble.